El turismo en Puerto Rico va con viento en popa y a toda vela, experimentando crecimientos notables en los últimos años. En 2023, más de 5 millones de turistas arribaron al Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín, representando un incremento del 19% respecto al año anterior y un 59% con relación al 2019 (año anterior a la pandemia), convirtiéndose en uno de los destinos del Caribe de más rápida recuperación posterior al COVID -19. Incluso, esa estadística superó el record anterior logrado en el año 2022, cuando por primera vez en su historia el territorio alcanzó y superó los 4 millones de arribos. Este auge se tradujo en ingresos de $5.2 billones de dólares, un aumento del 30% en comparación con el máximo histórico registrado en 2016.
Aunque no al mismo nivel que los turistas, los excursionistas, que se mueven a través de los cruceros, han mostrado un desempeño destacado. En el año fiscal 2023, el tráfico de pasajeros de cruceros fue de 1.2 millones, que, aunque está un 33% por debajo de lo alcanzado en la pre-pandemia, fue 3.2 veces más de lo recibido en 2022. Los excursionistas en 2023 generaron aproximadamente $105 millones en ingresos.
A los anteriores números hay que agregar un 80% de ocupación hotelera en la temporada alta y la generación de más de 150 mil empleos directos e indirectos en el sector, lo cual consolida al turismo como un pilar fundamental en la economía local.
Estos resultados han permitido que Puerto Rico haya pasado de un destino turístico estancado a uno de alto dinamismo, éxito que se ha logrado a pesar de que el liderazgo político y gubernamental de la isla no tiene una conciencia clara del papel que debe jugar el turismo en el presente y futuro de la economía puertorriqueña, sobre todo cuando el sector es descartado por aquellos que todavía apuestan exclusivamente a la manufactura como ese sector clave que puede sacar a la isla del marasmo económico en que se encuentra, un poco embrujados por ese imaginario construido a partir de los beneficios generados por el modelo de industrialización conocido por Manos a la Obra.
En los últimos ocho años ha habido intentos por parte de las administraciones isleñas de impulsar la actividad turística, pero han sido esfuerzos sin una visión sistémica y con medidas contraproducentes. Por ejemplo, se creó un Destination Marketing Organization (DMO) con la tarea de promocionar el mercado puertorriqueño en el mundo y a la misma vez, se planteó la virtual eliminación de la Compañía de Turismo, cuando se propuso que fuera absorbida por el Departamento de Desarrollo Económico.
También hay que agregar que lo que se ha logrado hasta ahora ha sido a pesar de que en Puerto Rico no existe una conciencia social a favor del sector. Solamente se vive el turismo en aquellos lugares donde el turista incide con fuerza, como es el Viejo San Juan y algunas zonas del este y oeste de la isla. Fuera de estas áreas, el turismo se ignora, se ve con visión negativa o no se abraza con pasión. El Estado es el que está llamado a crear esa conciencia social, pero no lo hará hasta que no entienda que el turismo es importante para el futuro económico de la isla.
Estas ambivalencias con relación al turismo no son de ahora. Han estado presente en la historia turística de la isla. La historia ha reflejado que ha sido el sector privado el que ha aprovechado las oportunidades que el mercado le ha brindado para desarrollar el sector, mientras que el Estado se ha involucrado reactivamente y a veces a destiempo. Y así ha estado ocurriendo actualmente. Por ejemplo, en Puerto Rico ha entrado con fuerza el nuevo modelo de negocio de los alquileres de corto plazo y el Estado no ha sabido como manejarlos ante las disrupciones que han creado en el mercado hipotecario y las comunidades. No ha sido capaz de instrumentar una política que maximice los beneficios de esa alternativa de alojamiento y minimice sus efectos negativos.
Esa dicotomía entre visión del sector privado/visión del Estado no impidió que Puerto Rico fuera el líder del turismo en el Caribe por más de 40 años, pero al final le pasó factura cuando fue desplazada del liderato regional por un competidor más agresivo como fue y es República Dominicana.
Pero quizás le estemos pidiendo peras al olmo, cuando ni tan siquiera el liderazgo político ha sido capaz de definir qué tipo de economía se quiere construir en el futuro, que sea capaz de proveer una prosperidad sostenible.
Mientras que esperamos por esas definiciones, el turismo continuará siendo el underdog de la economía puertorriqueña, revelando el gran potencial que tiene. Las últimas noticias apuntan a esa dirección. El anuncio de que Mandarin Oiental Hotel Group, una de las cadenas líderes a nivel mundial en alojamientos de lujo, operará uno de los cinco hoteles de alta gama que se construirá en Cabo Rojo, abre la posibilidad de una diversificación geográfica del turismo internacional en la isla, altamente concentrado en el área Metropolitana. Igualmente, el comienzo de vuelos diarios por Iberia entre San Juan y Madrid junto a otras conexiones aéreas con mercados emisores no tradicionales para la isla, pudiera apuntar a la solución de otra debilidad estructural que tiene el turismo puertorriqueño y es su alta dependencia del visitante de Estados Unidos.
Sin embargo, este crecimiento viene acompañado de desafíos. La competencia entre destinos turísticos se ha intensificado en la era postpandemia, lo que obliga a Puerto Rico a innovar, crear nuevos productos y reinventarse para mantener su crecimiento de una forma saludable y que garantice beneficios, no solo para el sector privado, sino también para las comunidades que se ven impactadas por dicho crecimiento.
La sostenibilidad tiene que ser una prioridad en la industria turística de la isla. Puerto Rico tiene que adoptar prácticas ecológicamente responsables que se alinean con las tendencias globales, aprovechando sus recursos naturales, pero velando también por su preservación
También hay que destacar la necesidad de preservar la identidad cultural, ofreciendo experiencias auténticas que permitan al visitante conocer y disfrutar del acervo cultural de la isla, de sus pueblos, sin caer en una desvalorización de este. En resumen, el turismo en Puerto Rico se encuentra en una nueva fase de crecimiento y transformación, enfrentando tanto oportunidades como desafíos. La clave estará en equilibrar el crecimiento con la sostenibilidad, la equidad social y territorial, asegurando que los beneficios del turismo se distribuyan de manera justa y que la esencia cultural de la isla se mantenga intacta. No es otra cosa de que el sector maximice su aporte al desarrollo del territorio.
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Por Anónimo
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