Semanas atrás los medios de prensa informaron que un buque ruso había partido hacia Cuba con un cargamento de 100,000 toneladas de petróleo. Rusia se convertió en el primer y único país hasta el momento en desafiar las amenazas norteamericanas de sancionar a cualquier nación que le vendiera combustible a la mayor de las Antillas.
Washington no reaccionó a la noticia. Se abría un suspenso en torno a cómo actuaría Estados Unidos ante tal desafío. El suspenso se despejó el domingo 29 de marzo, cuando Trump respondió a periodistas a bordo del Air Force One que le preguntaron sobre los reportes de que Estados Unidos permitiría que el buque llegue a Cuba.
Cito las palabras de Trump: “Tenemos un buque petrolero ahí afuera. No nos molesta que alguien reciba una carga de petróleo, porque tienen que sobrevivir. Si un país quiere enviar algo de petróleo a Cuba en este momento, no tengo problema. Prefiero dejarlo pasar, ya sea Rusia u otro país, porque la gente necesita calefacción, refrigeración y todas las demás cosas que se necesitan”.
Dejando a un lado lo risible del comentario de que los cubanos necesitan calefacción en medio del trópico, nos preguntamos: ¿qué significan estas expresiones del presidente norteamericano?. ¿Significa el fin del bloqueo petrolero a Cuba?. Si fuera así, ¿la decisión es el resultado de las ambivalencias que han caracterizado las acciones de política internacional de la actual administración porque, en este caso, no están logrando el quiebre del régimen cubano?. ¿Será que están ofreciendo un gesto en espera de que el gobierno cubano responda con concesiones en el mediano o largo plazo?. ¿O será qué están creando una cortina de humo para desplegar un operativo militar por sorpresa contra la isla?.
Hay mucho que analizar y especular. Por lo pronto, debemos seguir muy de cerca las próximas acciones que puedan surgir en torno a las tensiones entre Cuba y los Estados Unidos.