Por fin, Cuba reconoció en un comunicado oficial que está en negociaciones con los Estados Unidos, algo que Washington estuvo informando a todo el mundo desde hace varias semanas. El gobierno cubano señaló que las conversaciones han estado orientadas a identificar las diferencias bilaterales, a buscar soluciones a las mismas y a “determinar la disposición de ambas partes de concretar acciones en beneficio de los pueblos de ambos países y además de eso identificar áreas de cooperación para enfrentar las amenazas y garantizar la seguridad y la paz de ambas naciones”.
Analicemos el contexto de estas negociaciones.
Desde el triunfo de la revolución cubana ha habido múltiples conversaciones y negociaciones entre ambos países. Algunas han llegado a resultados como las que desembocaron en la independencia de Namibia, en el intercambio de prisioneros y la que resultó en un acuerdo migratorio, entre otros. En esas y otras, el capital político y la situación económica que tenía Cuba le permitió llevar una posición negociadora relativamente fuerte. En la actualidad, el escenario es totalmente diferente.
Cuba llega a estas negociaciones profundamente debilitada económicamente. Esta debilidad ya estaba creada desde mucho antes a partir de la incapacidad del liderazgo cubano de implementar un programa económico que garantizara la prosperidad del país. Porque no nos equivoquemos: aun en pleno apoyo del gobierno de Chávez, no todos los sectores sociales tenían garantizadas sus necesidades básicas.
Lo tozudez derivada del síndrome del control nubló las mentes de los lideres cubanos que fueron incapaces de aceptar que la economía tiene sus propias leyes y sus propios tiempos, además de que funciona sistémicamente, no en el modo de apaga fuego. Si no respetas esas reglas, los resultados que obtendrás son desastrosos. Lo que Cuba ha tenido a cambio son decisiones a destiempo, reactivas, irracionales, como el caso del hotel Torre K en el Vedado, construido a un costo de $400 millones de dólares, dinero que se pudo haber empleado en la revitalización del sistema eléctrico del país, o como el caso de las MIPYMES, que no se le han brindado todo el apoyo necesario para que puedan consolidarse y crecer y que son blancos de ataques tales como que el de asignarle la culpabilidad por la inflación que está arrasando el bolsillo de los cubanos.
En conclusión, Cuba nunca se recuperó plenamente de la crisis de los 90, conocida como Período Especial. Las debilidades estructurales históricas se han profundizado, se ha debilitado su matriz productiva, no genera suficientes ingresos para garantizar el funcionamiento del país y tiene un sistema eléctrico colapsado. Para colmo de males, Cuba está asediada por un cerco petrolero que le impuso los Estados Unidos que ha provocado que el país no reciba crudo desde hace tres meses.
Pero también Cuba llega a estas negociaciones con el capital político debilitado. El cansancio que tiene el pueblo por su penosa vida cotidiana ha alentado expresiones de rechazo contra el actual liderazgo cubano, en particular contra Miguel Díaz – Canel, el cual no pocos desean que sea removido del poder.
Esta es la Cuba que está negociando con los Estados Unidos, que por demás ha sido un país que a su presidente no le ha temblado la mano para pasar, en horas, de la negociación a la violencia en asuntos internacionales. Un Estados Unidos envalentonado con el resultado obtenido con y a partir del operativo militar en Venezuela.
Entonces, ¿qué lo que Cuba espera obtener de estas negociaciones?. ¿Espera que le levanten el cerco petrolero o está buscando otros resultados de más largo plazo?. Pero, ¿qué Cuba está dispuesta a conceder para lograr uno u otro resultado?. Para esta pregunta me cuesta trabajo encontrar una respuesta, dado que la política exterior cubana ha sido principista y en relación a los Estados Unidos nunca ha habido asomo de rendición ni entrega. Por lo menos, ese es el pensamiento del liderazgo y de ciertos sectores sociales de la isla.
De cualquier forma, las respuestas a estas interrogantes no pueden desligarse de la posición de los Estados Unidos en cuanto a los objetivos que quiere lograr con la isla.
Trump ha estado enviando mensajes cruzados sobre ello: que si un día dijo que ha descartado la acción militar, pero en otro la menciona como posible; que desea tomar amigablemente a la isla, sin explicar que significa ello. En concreto: ¿que pretende alcanzar Estados Unidos con las negociaciones?; ¿desea aplicar el modelo venezolano (le llamo transición selectiva) en el que removería a Diaz – Canel del poder y lo sustituiría por un interlocutor más pragmático y pactar con los militares, sin apuntar a un cambio radical del régimen o es todo lo contrario?. ¿Está haciendo el juego de la negociación para ganar tiempo en espera que se produzca un levantamiento popular, que sea reprimido por el gobierno cubano y que ello se constituya en justificación para intervenir militarmente?.
Quiero sumar una interrogante que me parece medular: ¿Qué nivel ocupan la sobrevivencia cotidiana y las esperanzas del pueblo cubano en estas negociaciones?. Históricamente el pueblo cubano ha estado atrapado entre la hostilidad norteamericana y el síndrome de la fortaleza sitiada desarrollada por la dirigencia cubana, porfia que le ha privado de libertad plena y de prosperidad.
Exigir que el pueblo cubano tenga una vida normal, oportunidades para prosperar y libertad de decisión individual no es un delito. Son aspiraciones legitimas y consustanciales con los derechos humanos. Por eso, esperamos que los resultados que se obtengan de las conversaciones no resulten en un mero juego de cambio de poder y de repartición de los activos y recursos que Cuba posee entre sectores internos y transnacionales. Es deseable que de esas conversaciones surja una hoja de ruta que le garantice al pueblo cubano una transición hacia una democracia plena y hacia un modelo de desarrollo económico que le permita una vida tranquila y prosperidad a cada ciudadano.