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Construyendo futuro: Las MIPYMES en Cuba

Uno de los cambios más significativos de la economía cubana posterior a los años 90 es la ampliación del sector privado, el cual, a su vez, ha sido el más atacado dentro y fuera de Cuba.

Decimos que a partir de la década de los 90 se amplió, no se creó, porque con el triunfo de la revolución y la estatización de la economía, el sector no desapareció, quedando en cantidades reducidas a través de la existencia de campesinos, taxistas y porteadores privados (dueños de camiones de carga). En la década de los 80 el sector fue creciendo de una manera informal e ilegal a través del lucrativo mercado negro.

En los marcos de las crisis de los años 90, conocida como Período Especial, se abrió una nueva oportunidad de crecimiento del sector privado con la creación del trabajo por cuenta propia, que se insertó dentro de un paquete de medidas que puso al país a coquetear limitadamente con el mercado. En el discurso oficial, esa tímida apertura se vio como un “mal necesario”.

A partir de ese momento, el sector privado ha enfrentado altas y bajas en su aceptación por parte del gobierno, reflejadas en la alternancia entre políticas de estímulos y de freno a su desarrollo.

En agosto de 2021 se adoptó un nuevo marco jurídico que oficializó, en su forma organizativa y funcional, al sector privado en Cuba. Es a partir de ese momento que legalmente nacieron las micro, pequeñas y medianas empresas en Cuba (MIPYMES).

Según la nueva disposición legal, la diferencia entre una micro, pequeña y mediana empresa se establece principalmente por la cantidad de trabajadores contratados. Una microempresa es aquella que tiene desde 1 a 10 trabajadores, una pequeña empresa es la que posee desde 11 a 35 trabajadores y una mediana empresa es la que contrata desde 36 hasta 100 trabajadores.

El nuevo marco jurídico fue positivo por tres razones principales:

1. Le dio entidad legal propia al sector privado.

2. Permitió la diversificación de las actividades y clientes: además de ventas de productos y servicios a la población, como funcionaban originalmente, pueden existir también como productores. Los clientes pueden ser tanto la población, como las empresas estatales y las foráneas radicadas en el país.

3. Se les autorizó incursionar en el comercio exterior, tanto exportando como importando, aunque para hacerlo necesitan de la intermediación de una empresa estatal.

Según el Anuario Estadístico de Cuba publicado por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, al cierre de 2024 existían 9,406 MIPYMES, el 44% ubicadas en La Habana. La segunda provincia con más MIPYMES es Granma con el 7%.

El grueso de las MIPYMES actúa en el área de la manufactura con el 30%, le sigue el sector de alojamiento y servicio de comidas con el 22.5% y en tercer lugar se ubica la construcción con el 19%.

Un dato no menos importante es que el sector emplea el 26% del total de los ocupados en el país.

Se ha demostrado a través de estudios en diversos países que las pequeñas y medianas empresas privadas constituyen un motor para el crecimiento y el desarrollo de las naciones. En Cuba no tiene por qué ser diferente. De hecho, ya se está demostrando cuando se han convertido en un proveedor de servicios y productos de primera necesidad, ocupando los espacios que ya no cubre el Estado y su sistema de empresas estatales.

Es loable observar como las MIPYMES están batallando para sobrevivir en un entorno lleno de retos, algunos impuestos por el Estado cubano y otros derivados de la falta de experiencia empresarial de sus protagonistas. Ese entorno se ha complicado notablemente con el incremento de las tensiones entre Estados Unidos y Cuba que tiene como expresión álgida el cerco petrolero que el primero le ha impuesto a la mayor de las Antillas. Aun así, existen personas que siguen interesadas en montar su propia empresa, lo cual dice mucho del espíritu emprendedor que subyace en la sociedad cubana.

No nos queda dudas de que las MIPYMES serán un actor decisivo en la recuperación económica y prosperidad de la isla, pero necesitan de apoyo. Pensando en ello y en el segundo reto mencionado en estas líneas, es que un grupo de profesores y empresarios puertorriqueños desarrollamos la iniciativa denominada Encuentro Educativo – Empresarial Cuba – Puerto Rico dirigida a intercambiar experiencias y conocimientos con miembros de las MIPYMES cubanas, cuyo propósito es contribuir al incremento del acervo cognoscitivo gerencial de los emergentes empresarios cubanos.

El éxito de los anteriores encuentros ha motivado la organización de una nueva edición en este año. Damos la bienvenida a todos aquellos empresarios puertorriqueños que se quieran sumar al proyecto.

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