Para finales de los años 50 del siglo pasado, Cuba era la líder indiscutible del turismo en el Caribe, pero la lucha insurreccional liderada por Fidel Castro tuvo su costo en la actividad, ya que el conflicto empujó a los turistas a emigrar a otros destinos. En el año 1957 Cuba recibió más de 272 mil turistas, la mayoría provenientes de Estados Unidos. Ya para el año 1959, fecha del triunfo de la revolución, la cantidad de turistas se había reducido a 180 mil.
Pero la estampida de los visitantes de la mayor de las Antillas se dio a partir de la década de los 60. El triunfo de la revolución fue seguido por la intolerancia norteamericana al suceso, lo cual derivó en un conflicto que tomó expresión en diferentes frentes y que tuvo como puntos más álgidos la ruptura de relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, la imposición de un bloqueo/embargo económico a la isla, la invasión de Playa Girón/Bahía de Cochinos y la crisis de los misiles, hecho que puso al mundo al borde de la tercera guerra mundial. Estos hechos sacaron a Cuba del mercado emisor norteamericano y ahuyentaron a turistas de otras latitudes. En números ello significó una caída desde 86,491 turistas en el año 1960 a 853 en 1967.
La salida de Cuba del mercado turístico internacional fue beneficiosa para sus competidores en el Caribe, ya que absorbieron la cuota que la mayor de las Antillas recibía la cual era entre un 23% y un 30% de los turistas que llegaban a la región.
Exceptuando Haití y la República Dominicana, los demás países pudieron capitalizar, en mayor o menor medida, con la ausencia de Cuba del turismo internacional. Los que reflejaron un crecimiento más espectacular en la cantidad de turistas recibidos fueron Jamaica y Trinidad–Tobago, que al inicio de la década de los sesenta recibían menos de cien mil turistas y en sus postrimerías habían cuadriplicado y quintuplicado respectivamente esos resultados. Pero los grandes ganadores fueron Bahamas y Puerto Rico. Desde el año 1958, ambas islas estuvieron disputándose el liderazgo regional hasta que Puerto Rico se quedó como la única líder, posición que mantuvo hasta los inicios del siglo XXI.
Casi 70 años después estamos siendo testigos de una realidad similar, ya que, debido a una combinación de deterioro económico postpandemia y ampliación del cerco económico de Estados Unidos contra la isla, se está produciendo una salida casi masiva de touroperadores, líneas áreas y turistas que en su momento apostaron por el mercado cubano.
La cadena hotelera española Melia Hotel International abandonó de forma inmediata la gestión y comercialización de 15 de los 35 hoteles. La también ibérica Iberostar Hotel and Resort, dejó de gestionar 12 establecimientos hoteleros de los 18 que manejaba. Archipiélago International Hotels, de origen indonesio (por cierto, el grupo hotelero más grande del sudeste asiático) rescindió los contratos de sus 6 hoteles en gestión.
Pero lo más preocupante ha sido la desbandada de touroperadores canadienses. Canadá no es un mercado cualquiera. Es el primer emisor para Cuba, representando cerca del 40% de los turistas que llegan a la isla. Los únicos touroperadores canadienses que todavía se mantienen resistiendo el embate de las condiciones adversas son Hola Sun Holidays y Caribe Sol, pero no sabemos hasta cuando mantendrán su capacidad de resistencia.
La estampida canadiense tiene como agravante la alarma sonada por el propio Gobierno de Canadá. En su aviso de viaje para Cuba, actualizado el 4 de junio, Ottawa recomienda evitar los viajes no esenciales al país por el agravamiento de la escasez de combustible, electricidad y bienes básicos, incluidos alimentos, agua y medicinas.
El desplome del turismo cubano se comenzó a fraguar desde el año 2024 (después de una lenta recuperación postpandemica pero que nunca pudo alcanzar los números del año 2019), concomitante con el recrudecimiento de la crisis energética y el agravamiento de la situación económica. Para ese año la reducción de los turistas recibidos fue del 10%. En el año 2025, la cantidad de viajeros que vacacionaron en Cuba fue un poco más de 1.8 millones, un 18% menor de lo logrado en el año anterior. En lo que va del 2026, la caída ha sido del 46%.
Una vez más el Caribe se va a beneficiar del debilitamiento del mercado cubano, que antes de la pandemia era el segundo destino turístico del Caribe y que absorbía el 18% de los turistas que llegaba a la región.
Por la similitud de su modelo turístico con el cubano, el gran beneficiario de la perdida de turistas en Cuba es República Dominicana. Jamaica también podrá obtener parte de la cuota que Cuba dejará de recibir, así como otras islas del Caribe que tienen a Canada y a Europa dentro de su portafolio emisor. Pensamos que esto se podrá observar con mayor nitidez en la próxima temporada invernal.