Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

Negocios entre Cuba y Puerto Rico: Retos y oportunidades (Segunda parte)

Como señalé en la entrega anterior, en una apertura económica en Cuba la inversión extranjera debe jugar un papel esencial en cubrir la demanda de recursos financieros, tecnológicos y de conocimiento empresarial que existe en la mayor de las Antillas. En este escenario, ¿qué papel puede jugar Puerto Rico para impulsar la reconstrucción económica del país?.

Puerto Rico tiene dos ventajas que podrían facilitar su inserción en el ecosistema de negocios de Cuba. Una es la afinidad cultural e idiomática, así como los vínculos históricos entre ambas islas, lo cual facilitaría la construcción de ese activo imprescindible en la realización de negocios: la confianza mutua. La otra ventaja es que el empresario puertorriqueño es portador de una simbiosis cultural empresarial: conoce los métodos y prácticas empresariales modernas, en particular la que envuelve el entorno norteamericano y la ha sabido adaptar a las características y cultura de un país latino. Para el empresario cubano, tener un interlocutor que le provea conocimientos y le sirva de enlace para operar en un mercado tan exigente como el del vecino del norte (en definitiva, es el mercado al cual va a girar inexorablemente la economía cubana) resultaría en una ventaja apreciable.

Más allá de las oportunidades comerciales inmediatas, el sector empresarial puertorriqueño podría desempeñar un papel importante en frentes como el de la infraestructura física y la construcción de viviendas, en la diversificación energética mediante sistemas solares, creación de microredes y almacenamiento de energía, en la ampliación y modernización de las telecomunicaciones, desarrollo de los servicios financieros y seguros, en particular lo concerniente a la banca hipotecaria cubana, así como en el financiamiento y desarrollo de las micros, pequeña y mediana empresa (MIPYMES). Hay también oportunidades en el sector biotecnológico y farmacéutico donde se puede crear una alianza estratégica que vincule la experiencia cubana en la investigación con la equivalente puertorriqueña en la producción. Lo mismo se puede visualizar en el turismo, donde, además de que empresas puertorriqueñas puedan participar en la construcción y administración de la infraestructura hotelera, se pueda desarrollar paralelamente proyectos de turismo multidestino entre ambas islas.

En sentido general, Puerto Rico le puede servir a Cuba como un puente de inversión, de logística y de transferencia de conocimiento empresarial, sin perder de perspectiva las áreas de fortaleza que posee la mayor de las Antillas que podrían ser también de utilidad a los empresarios puertorriqueños.

Pese al potencial aquí descrito, existen dos importantes retos. Uno es el desconocimiento recíproco de lo que cada parte puede ofrecer en una eventual alianza de negocio. Tradicionalmente, el acercamiento del empresario puertorriqueño a la realidad económica y de negocio de Cuba ha sido inconsistente y reactivo y ello lo ha puesto en desventaja con competidores ya establecidos de Canadá, Europa, Latinoamérica y algunos norteamericanos que, aunque las condiciones para hacer negocios no han sido favorables, han mantenido un nivel de recopilación informativa y de monitoreo de la situación económica y social cubana y sobre las potencialidades de negocio que allí se está gestando, que los coloca en condiciones de competencia más favorables sobre sus homólogos puertorriqueños. Desde el momento en que el mercado comience a jugar un papel preponderante en la evolución económica cubana, existirá la libre determinación de los empresarios cubanos de elegir a sus socios de negocios y con seguridad elegirán a aquellos que se han dado a conocer.

El otro reto, vinculado con el anterior, es la competencia que representan los empresarios de la comunidad cubana en Estados Unidos, que poseen las mismas ventajas competitivas de los empresarios puertorriqueños y que han estado muy activos en su acercamiento y monitoreo de las oportunidades de negocios de Cuba.

Si Puerto Rico rompe con la timidez en su acercamiento a Cuba y logra posicionarse tempranamente, podría convertirse en uno de los principales puentes económicos entre Cuba y el mercado norteamericano. A pesar de la competencia que puede representar las empresas de la diáspora cubana y de otros países que ya tienen una presencia en terreno cubano, los problemas a resolver son de tal magnitud, que hay oportunidades, incluso para actores empresariales que, como el puertorriqueño, han estado bastante alejados del entorno de negocios de la mayor de las Antillas.

El empresariado puertorriqueño debería enfocarse en acercarse a ese nuevo actor económico que poco a poco se ha ido expandiendo que son las MIPYMES. También y para maximizar los esfuerzos de inserción, deberían igualmente enfocarse en nichos territoriales: no pensar en impactar a todo el mercado cubano, sino impactar ciertas regiones, provincias o municipios donde se detecten las mejores oportunidades de negocios.

Quiero cerrar este análisis con una reflexión sobre una pregunta que esta dando vueltas en las mentes de muchos desde hace años: ¿La apertura económica en Cuba representa un peligro real para la economía de Puerto Rico?. El temor esta centrado en tres áreas: turismo, inversión norteamericana y reposicionamiento de Puerto Rico en las cadenas globales de valor.

En cuanto al turismo, no es descartable que, cuando Estados Unidos levante las restricciones para que ciudadanos de su país puedan viajar libremente a hacer turismo en Cuba, ello provoque desvío de turistas norteamericanos de Puerto Rico en los primeros años, pero no vemos ese movimiento en una magnitud que ponga en jaque al turismo puertorriqueño ya que, a pesar de que ambas islas comparten la misma raíz turística (practican el turismo de sol, playa y arena), en esencia estamos en presencia de dos modelos turísticos diferentes. Los factores propios del modelo turístico puertorriqueño podrán compensar ese desvío de turistas. Lo vimos en el período 2016-2018 cuando la administración de Obama flexibilizó las restricciones para viajar a Cuba. La cantidad de turistas norteamericanos que visitó la isla se duplicó y ello no provocó el colapso del turismo en Puerto Rico. En esos años, Puerto Rico perdió más turistas por las consecuencias del azote del huracán María que por el “efecto cubano”.

Donde vemos un reto real es en la actividad de cruceros, pero no en el ámbito de desvío de viajeros, sino como centro de la actividad para la región del Caribe. La existencia en Cuba de bahías y puertos amplios y de gran profundidad podría despertar el interés de algunas líneas de cruceros para usar a Cuba como su centro o hub, entrando en competencia con la base de cruceros en San Juan. Las mejores posibilidades la vemos en el puerto de Santiago de Cuba que, por su ubicación, podría cubrir tanto el Caribe occidental como el oriental. Pero, esto sería una posibilidad en el muy largo plazo.

Con relación al desvío de inversión norteamericana y la perdida de oportunidad de reposicionamiento de Puerto Rico en las cadenas globales de valor (reshoring, nearshoring), el factor cubano no sería significativo ya que el retiro y no llegada de nuevas inversiones foráneas es un proceso que Puerto Rico está sufriendo desde hace algunos años y es debido a la pérdida de competitividad de su economía.

Dejar un comentario