El turismo ha sido durante más de tres décadas uno de los principales motores de la economía cubana al ser parte de las mayores fuentes de generación de divisas. Desde la década de 1990, el país apostó por esta industria como estrategia ante la profunda crisis económica derivada de la desaparición de la Unión Soviética. Sin embargo, el contexto actual obliga a replantear el futuro del sector. La combinación de una prolongada crisis económica, problemas energéticos y en otras infraestructuras, cambios demográficos, emigración de la población joven y un entorno geopolítico sumamente complejo, no solamente ha colocado a la industria del ocio como uno de los espejos más visibles del deterioro general del país, sino que levanta importantes interrogantes sobre la capacidad del turismo para convertirse nuevamente en la locomotora de la economía nacional.
Los datos más recientes reflejan la magnitud del desafío. Según cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información de Cuba (ONEI), en 2025 Cuba recibió poco más de 1.8 millones de visitantes internacionales, número inferior en un 17.8 % respecto al año anterior y muy distante de los más de 4.2 millones de turistas registrados antes de la pandemia en 2019. Además, el resultado quedó muy por debajo de la meta oficial de 3 millones de visitantes fijada inicialmente por el Gobierno. La tendencia se ha acentuado con fuerza en 2026. De acuerdo con ONEI, en los primeros cinco meses del año, Cuba recibió 359,491 turistas internacionales, un 58,4% menos que en el mismo período de 2025.
Los principales mercados emisores se han desplomado casi por igual: En 2025 Canadá aportó 754,000 turistas, seguido Rusia con 131,882 y de Estados Unidos con 110,005, lo que supone caídas anuales del 12.4%, 29% y 22.8% respectivamente. Incluso el turismo de la diáspora cubana, tradicionalmente uno de los soportes del sector, se ha reducido de forma drástica: las visitas de cubanos residentes en el exterior cayeron un 22.6% en el 2025.
El impacto sobre la infraestructura hotelera es igualmente elocuente. En el 2025 la tasa de ocupación hotelera fue del 18.9%, inferior en un 18% a la del 2024. Entre enero y marzo de 2026 la ocupación de las instalaciones turísticas se contrajo a casi la mitad respecto al mismo trimestre de 2025, cayendo del 23.7% al 12.9%. La baja demanda, combinado con la escasez de combustibles motivado por el cerco petrolero impuesto por Estados Unidos a Cuba ha llevado al gobierno cubano a cerrar varios hoteles y cadenas hoteleras internacionales a abandonar sus operaciones en la isla (la última en hacerlo fue la cadena española Melia, pionera en las inversiones turísticas en la isla).
El contraste entre Cuba y otros destinos caribeños de modelos turísticos similares, como son los casos de República Dominicana y Jamaica, ayuda a entender que la crisis del sector en Cuba no es un problema regional, sino que se circunscribe a factores específicos del país.
República Dominicana cerró 2025 con un récord histórico de 11.6 millones visitantes internacionales, un incremento del 4.3% respecto a 2024. De ese total, 8.8 millones fueron turistas y 2.8 millones cruceristas. Reportaron igualmente una ocupación hotelera promedio superior al 71% durante todo el año.
Jamaica también muestra una trayectoria de recuperación post pandemia sostenida. La isla alcanzó un récord de 4.3 millones de visitantes en 2024 y, tras el impacto del huracán Melissa a finales de 2025, cerró ese año con 3.7 millones de visitantes. Pese al golpe del huracán, en el primer trimestre de 2026, Jamaica superó el millón de turistas, con diversificación de mercados que incluye un incremento del 25% en llegadas desde América Latina y del 7% desde Asia y con planes de restablecer el 80% de su capacidad hotelera para mediados de 2026.
La comparación es diáfana: mientras República Dominicana y Jamaica bordean o superan cifras de 10 a 12 millones y 4 a 5 millones de visitantes anuales respectivamente, ambas por encima de sus niveles pre pandemia, Cuba se encamina en 2026 a cerrar por debajo del millón de turistas, una cifra que la situaría, no solo lejos de sus propios máximos históricos (4.7 millones en 2018), sino en un nivel completamente distinto al de sus vecinos caribeños.
Es una realidad que el cerco petrolero y demás sanciones impuestas por Estados Unidos a Cuba ha afectado negativamente el sector turístico cubano, pero la reducción del flujo de visitantes no comenzó en el 2026. Comenzó desde antes como resultado de una crisis económica estructural de la economía cubana que el actual liderazgo no ha sido capaz de combatirla con sabiduría. El turismo forma parte de ese sistema económico, por lo que cualquier alteración en el mismo le afecta como a cualquier otro sector. Los frecuentes apagones, las dificultades en el abastecimiento de alimentos y ahora de combustibles y en general el deterioro de los servicios públicos comenzó a hacer mella en la experiencia del turista y en la caída progresiva del atractivo del destino.
A estos problemas se suma un fenómeno social de gran impacto: la emigración masiva de población en edad laboral. La salida de cientos de miles de trabajadores durante los últimos años ha provocado escasez de personal calificado en hoteles, restaurantes, transporte y actividades complementarias al turismo. Al mismo tiempo, el envejecimiento de la población limita la disponibilidad futura de recursos humanos para una industria intensiva en servicios.
Con este escenario, ¿podrá Cuba recuperar su competitividad turística?. Abordaremos la interrogante en la próxima entrega.