Para aquellos que no están familiarizados con la realidad cubana, la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba, S.A. (ETECSA) es la entidad estatal que controla monopólicamente la telefonía en Cuba, incluyendo la móvil. Recientemente lanzó nuevos planes de consumos de datos a precios inaccesibles para sectores importantes de la población y con ciertos límites en el manejo de las recargas que generaron una ola de descontento a lo largo y ancho del país. ETECSA justificó sus nuevas medidas por la necesidad de captar ingresos adicionales para sostener la alta demanda del servicio y su modernización tecnológica, la cual se sostiene con inversiones en divisas.
No voy a entrar a discutir los tecnicismos de los planes lanzados. Quiero enfocarme en las enseñanzas que, en mi opinión, de este suceso se deprende.
En primer lugar, hay exasperación en el pueblo cubano por el deterioro de su calidad de vida, que comienza por la pérdida del poder adquisitivo de sus ingresos. Cuba, al igual que el resto del mundo, llevan años enfrentando una inflación global, que comenzó como consecuencia del COVID-19, se reforzó con el conflicto Ucrania – Rusia y ahora adquirió nuevos ribetes con el enfrentamiento militar entre Israel e Irán. Pero la isla abona domésticamente a esa inflación por la incapacidad de su economía de generar los productos e ingresos que necesita para cubrir sus necesidades.
Las autoridades cubanas le han echado la culpa de la inflación y de la escasez de bienes de primera necesidad a las formas de propiedad no estatal y al embargo de Estados Unidos y no reconoce autocríticamente que el estancamiento económico que vive Cuba es el resultado de la tozudez de no querer liberar las fuerzas productivas para que se acabe de poner a la economía en la ruta del progreso. La academia, tanto al interior de la isla como en el exterior, ha creado un importante acervo de propuestas que apuntan a esa dirección. Lo que hace falta es que se tomen en cuenta para concretarlas en un modelo de desarrollo económico realmente coherente. Pero el oficialismo ha ignorado repetidamente estas aportaciones.
En segundo lugar, se ha demostrado que para el pueblo cubano la internet a través de los celulares es un servicio de primera necesidad. Con los avances tecnológicos se ha podido poner en nuestras manos un artefacto (celular) que concentra las funciones que nosotros, los seres humanos, demandamos: comunicación, información, entretenimiento. A través del celular podemos conectarnos, de forma inmediata, con los seres queridos, ampliar nuestras redes de relaciones, informarnos de lo que pasa en el mundo, pero incluso, generar ingresos a partir de esas actividades. Si incorporamos en el análisis la perspectiva generacional, podemos decir que para las actuales generaciones la internet y el celular es tan o mas importante que un plato de arroz con frijoles. Al parecer, las autoridades cubanas subestimaron estos aspectos. Quizás pensaron que las medidas iban a hacer aceptadas sin resistencia.
Y, en tercer lugar, (vinculado a todo lo anterior), la capacidad de oposición del pueblo frente a decisiones que afecta su vida cotidiana esta latente. En esta ocasión, fueron los estudiantes universitarios quienes encabezaron la oposición a las medidas adoptadas.
Las autoridades cubanas tienen que entender que cuando el pueblo se expresa en contra de decisiones que exprimen cada vez más sus bolsillos, no están mostrando una actitud contrarrevolucionaria, simplemente están actuando como seres racionales que exigen respuestas que satisfagan sus necesidades más apremiantes. Al parecer, en este caso, el gobierno lo entendió así y se abrió a las sugerencias que le ofrecieron los estudiantes universitarios. De la negociación surgió una propuesta final, que no pienso que sea muy satisfactoria para muchos bolsillos en la isla, pero es un paso positivo que las autoridades hayan decidido abrirse al dialogo en vez que a la represión.