El año 2025 quedó atrás y no fue un año cualquiera: fue el año que marcó el fin del primer cuarto del siglo XXI. ¿Qué le espera a la economía mundial en el año con el que se da inicio al segundo cuarto de siglo?.
Si queremos resumir los vaticinios en una sola palabra sería incertidumbre, la misma que estuvo caracterizando el devenir económico durante todo el año 2025. Y es que, para este nuevo año, continurán actuando los factores de riesgo que existieron en el anterior.
Según pronósticos de instituciones internacionales, las perspectivas de la economía mundial apuntan a un crecimiento moderado tras el rebote post-pandemia.
De acuerdo al Fondo Monetario Internacional (FMI), la economía mundial crecería alrededor de un 3.1 % en 2026, una cifra estable pero modesta comparada con años anteriores. La OCDE también prevé una desaceleración moderada del crecimiento, con riesgos a la baja si aumentan las tensiones comerciales o se deterioran las condiciones financieras. El World Bank proyecta tasas similares, aunque subraya que el crecimiento en economías en desarrollo será más difícil y lento. Instituciones privadas como Goldman Sachs y Morgan Stanley apuntan a un crecimiento global alrededor del 3.0–3.2%, con variaciones según escenarios de consumo, inversión y política monetaria.
Los pronósticos establecen que habrá diferencias regionales y entre determinados grupos de países en cuanto al crecimiento económico.
Un amigo siempre me decía que cuando Estados Unidos estornuda, al resto del mundo le da neumonía, como queriendo establecer de una forma jocosa el nivel de influencia de dicha economía en el resto del mundo. Pero a esta realidad hay que sumarle la influencia china. Así que mucho dependerá el estado de la economía global de lo que logren estos dos gigantes.
Se espera que la economía norteamericana crezca de forma moderada (entre el 2% y el 3%), con algunos ajustes de política fiscal y monetaria que podrían apoyar la expansión. China crecerá más rápido que la media global (por encima del 4%), pero su ritmo continúa desacelerándose frente a los niveles previos a la pandemia, cuyas tasas de crecimiento eran de dos dígitos.
Un tema de preocupación es la inflación, que estuvo azotando casi todos los mercados en los últimos tres años. Entre los analistas no hay un consenso de cómo se comportará la inflación en el 2026, habida cuenta que interactuarán factores que podrían mitigarla, con otros que tenderían a incentivarla. Según la OECD, la inflación global se moderará acercándose a los objetivos de los bancos centrales, aunque con variaciones por regiones. En el comportamiento de la inflación influirá la situación del mercado energético. Se estima que se producirá un exceso de oferta de petróleo y gas y ello llevará a un recorte adicional del 10% en los precios de estos recursos.
El comportamiento de la economía mundial estará sujeto a tres grandes fuerzas.
Una de ellas son las políticas monetarias. Se espera que los bancos centrales consoliden sus recortes de tasas de interés hacia niveles «neutrales», lo cual contribuiría a aliviar el costo del crédito. Hay que seguir muy de cerca las decisiones futuras de la Reserva Federal de los Estados Unidos con relación a las tasas de interés. El último recorte se produjo pensando en reanimar el mercado laboral, a pesar de que la inflación no había llegado a los niveles deseados por la institución y la decisión se tomó a pesar de la resistencia de algunos miembros de la Junta de Gobernadores. Otra variable a tomar en cuenta es la salida de Jerome Powell, quien termina su mandato en mayo de 2026. Powell y el resto de los miembros de la Junta han estado resistiendo las exigencias del Presidente Trump de que se produzcan rebajas significativas a contrapelo de la situación económica. Es muy probable que el sustituto que seleccione se Trump se alinee con sus deseos. Habrá que ver si logra imponerlos a la Junta.
Otra fuerza que mediará en el comportamiento de la economía internacional son las políticas proteccionistas y las transformaciones en las cadenas productivas globales. El aumento de aranceles (especialmente entre EE. UU. y China) y la reconfiguración de las cadenas de suministro hacia el nearshoring o reshoring seguirán encareciendo el comercio de bienes, limitando el potencial del crecimiento global.
Y por el último está el factor de la revolución de la inteligencia artificial (IA). Se da por seguro que para el 2026 continúen las inversiones en este segmento tecnológico, con valores que superen los $500 mil millones de dólares. Pero, también será un año donde las expectativas de los efectos tangibles de la IA sobre la productividad en sectores productivos y de servicios sean muy altas.
¿Cuáles serán los principales factores de riesgos para la economía global?.
Una es la burbuja tecnológica. Existe el temor de una corrección severa en los mercados financieros si las inversiones masivas en IA no generan los retornos esperados para finales de 2026.
Otro es la inestabilidad geopolítica. Los conflictos en Europa del Este y Oriente Medio mantienen la volatilidad en los precios de la energía y los alimentos. Hay que seguir de cerca la situación de Venezuela y como realmente Estados Unidos podrá controlar la producción y distribución del petróleo de ese país y como ello impactará en el mercado energético.
El tercer factor de riesgo son los niveles de deuda de varios países del llamado Tercer Mundo. Algunos de estos países como Argentina, Colombia, Egipto, entre otros, enfrentarán vencimientos críticos de deuda en 2026, lo que podría generar crisis fiscales si no tienen la capacidad de pagar sus vencimientos.
1 Comentario
Por Rafael colon
Me parece excelente el tema, las fuentes que se citan .
De gran importancia esta columna
Dios te cuide