El sector privado y gubernamental de Puerto Rico están haciendo esfuerzos para insertar la isla en la tendencia del reshoring de las industrias norteamericanas, usando como una de las puntas de lanza el segmento de la fabricación de microprocesadores.
¿Puerto Rico tiene las condiciones para ser un centro caribeño de fabricación de microprocesadores?. Vamos a contestar la pregunta echándole un vistazo a cómo Taiwán se convirtió en el líder mundial en ese campo.
Lo primero que hizo Taiwán (años 50) fue definir el modelo de desarrollo económico a implementar, que fue el de sustitución de importaciones focalizado en la manufactura. Paralelamente invirtió masivamente en la formación de capital humano altamente calificado, priorizando las carreras técnicas y de ingenierías.
El próximo paso fue crear un ecosistema tecnológico. Para ello, en el año 1973, el gobierno creó el Industrial Technology Research Institute (ITRI) cuya misión era el desarrollo tecnológico a través de la importación y adaptación de tecnología extranjera. En 1976 y a través del ITRI se formó el Electronics Research and Service Organization (ERSO), que introdujo en el país la tecnología de semiconductores adquirida de la empresa RCA de Estados Unidos. Este conocimiento fue transferido a empresas locales y sirvió de semilla para la creación de una industria nacional de microchips.
En 1987, con apoyo del gobierno y del ITRI, se fundó la Taiwán Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), empresa de capital privado local que, en lugar de diseñar y fabricar microprocesadores, se concentró solamente en la fabricación para otros países y compañías.
Al romper el siglo 21, TSMC y otras firmas privadas taiwanesas comenzaron a dominar la producción de los microprocesadores más avanzados con el apoyo del gobierno que continuó involucrándose a través de políticas de construcción y mejoramiento de infraestructura, subsidios y otros incentivos, creación de parques tecnológicos y protección de la propiedad intelectual. Es así que, al día de hoy, Taiwán produce más del 55% de los microprocesadores en el mundo y el 90% de los microchips más avanzados.
Resumiendo: el “milagro electrónico taiwanés” fue el resultado de una alianza entre gobierno, empresa privada local, empresas extranjeras y academia, mediante acciones como la estrategia y planificación estatal, educación y capitación, transferencia e infraestructura tecnológica e innovación empresarial. Fue el producto de un esfuerzo sistemático y de largo plazo.
¿Hay algún atisbo de esto en Puerto Rico?. No lo hay. En cambio, delegaciones del sector privado y gubernamental acumulan millas de vuelos tratando de vender una ilusión que no se sostiene con la realidad, con el propósito de atraer capital foráneo. El discurso de la promoción de inversiones ha girado en torno a la narrativa de una experiencia acumulada en una industria electrónica que existió pero que duró poco y que no se capitalizó para desarrollar un recurso humano con mentalidad y cultura tecnológica, además de exaltar también la experiencia en la producción de productos farmacéuticos.
Pero la fabricación o ensamblaje de píldoras no es lo mismo que la fabricación de microprocesadores. Los microchips son un producto muchísimo más avanzado que casi cualquier otra cosa que se produce hoy en día. Necesitan instalaciones de alta tecnología, infraestructura de calidad y personal altamente capacitado, lo que resulta en un costo inicial alto.
Lo expresé en otras de mis reflexiones publicada en este blog y lo vuelvo a repetir. Si se quiere aspirar a ser una plaza de manufactura de alta tecnología, se requiere, sin lugar a dudas, del concurso de la inversión extranjera. Pero, para atraerla, hay que reconstruir el ambiente económico de la isla. Hay que hacer de la isla una plaza de negocio competitiva. Ese es el paso inicial. Después, mirarnos en el espejo de Taiwán y replicar lo que pueda ser replicable en nuestras condiciones caribeñas, sin olvidarnos que el objetivo siempre será a largo plazo.