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En jaque de nuevo el turismo caribeño

Una vez más el turismo en el Caribe se pone a prueba, en esta ocasión, con el paso de un huracán, con dimensiones destructivas, por Jamaica, Cuba y otras islas del Caribe. En los casos de Jamaica y Cuba, estamos hablando del tercer y cuarto destino de la región. En Cuba, el azote del meteoro Melissa se circunscribió a la zona oriental, dejando intacto los dos principales polos turísticos del país: Habana y Varadero

Al momento de redactar estas notas, no se conocía el estado de la infraestructura hotelera en esos territorios, pero los daños han sido monumentales en las otras áreas del quehacer económico y social.

Las consecuencias de un huracán no son solo de corto plazo. Generan un efecto multiplicador que se puede extender en el tiempo, afectando los resultados de la venidera temporada alta. Aunque el Caribe tiene un historial de recuperación de daños, lo que sugiere un cierto nivel de resiliencia, no se puede negar que el grado de impacto de Melissa (categoría 5, movimiento lento, lluvia abundante) plantea un reto mayor.

Cuando el huracán se acerca o toca tierra, los vuelos se cancelan, los cruceros suspenden escalas, los hoteles evacuan o cierran, los atractivos al aire libre quedan inutilizados. Las playas, muelles de cruceros, carreteras costeras, hoteles frente al mar tienden a sufrir daños. Además, servicios públicos esenciales pueden quedar fuera de operaciones, lo que reduce la calidad de la experiencia turística incluso tras la reapertura. Los potenciales visitantes pueden retrasar o cancelar viajes debido al miedo al clima extremo, o a la percepción que puede formarse sobre la capacidad de recuperación de un destino tras un desastre.

El fenómeno Melissa dejó una lección clara: la vulnerabilidad climática del turismo en el Caribe es alta. Los destinos que dependen de la modalidad de turismo de sol y playa están también entre los más expuestos a tormentas más intensas, más lentas, más destructivas. Esto es más preocupante cuando escuchamos a la comunidad científica internacional plantear que el surgimiento de tormentas letales será más frecuente debido al cambio climático.

Con esto en mente, hay que repensar con seriedad como continuar desarrollando el turismo y el papel que se le debe seguir otorgando dentro de las estrategias de desarrollo económico de las islas.

Los modelos turísticos deben integrar la gestión del riesgo de forma prioritaria: infraestructura más resistente, seguros, diversificación de la oferta turística (que no dependa sólo de sol y playa), protocolos de evacuación, comunicación clara a los turistas.

También huracanes como Melissa abren una discusión sobre el modelo de turismo que queremos seguir construyendo.  Reconstruir “como antes” puede no ser suficiente. Tal vez es momento de repensar qué tipo de turismo queremos: menos masivo, más equilibrado con la naturaleza, con mayor participación local.

Desde el punto de vista económico, aunque el turismo es clave, este tipo de choque con la naturaleza evidencia que depender excesivamente de ese sector, sin tener otros motores o reservas, es riesgoso. Usar al turismo como un sector pivot para el impulso de una diversificación económica podría ser una estrategia definitoria para el desarrollo y estabilidad económica de las islas caribeñas.

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