Uno de los temas que la academia ha trabajado con ahínco ha sido el del desarrollo de las empresas, para tratar de explicar cómo crecen, evolucionan y se transforman estas organizaciones.
Se han construido muchas teorías al respecto que han ayudado a entender los factores internos y externos que influyen en el éxito, la expansión o incluso el fracaso de las empresas. Por ejemplo, está la denominada teoría de los recursos y capacidades, cuyo principal exponente es Jay Barner. La misma establece que el desarrollo de las empresas depende de sus fortalezas internas, tipificadas en el tipo de recurso, en la cultura organizacional y en el talento humano que posee. Otra de las teorías es la del crecimiento de las empresas de Edith Penrose, que expresa que el crecimiento empresarial está limitado por la capacidad administrativa y el conocimiento histórico acumulado dentro de la organización y resalta la importancia de desarrollar sus capacidades internas antes de pensar en una expansión hacia otros mercados. También contamos con la teoría del liderazgo transformacional de los autores James McGregor Burns y Bernard M. Bass, que manifiesta que el éxito se alcanza mediante líderes que inspiran, transforman y motivan al equipo, como es el caso de Steve Jobs.
Todas estas teorías se enfocan en los factores internos como los resortes del éxito empresarial. Sin embargo, hay otras que ponen la mayor atención en el balance entre el entorno donde se mueven las organizaciones y sus recursos endógenos, como es el ejemplo de la teoría de las ventajas competitivas de Michael Porter. No podemos soslayar la teoría del emprendimiento de Joseph Schumpeter quien manifestó que el desarrollo empresarial surge de la innovación disruptiva que destruye el equilibrio existente, a través del fomento de la innovación como motor del cambio empresarial (ejemplos: Netflix, Apple).
A partir de estas teorías y otras podemos identificar un conjunto de factores comunes que garantizan el éxito empresarial. Estas son: contar con una estrategia clara y diferenciada, con un liderazgo efectivo, con capacidad para adaptarse al entorno, mantenerse con una actitud de innovación permanente y enfocarse en el desarrollo del recurso más valioso de las organizaciones: el talento humano.
No obstante, hay que tener en cuenta que los factores que definen el éxito empresarial pueden variar según el sector, el tamaño y el contexto de cada empresa y en este último aspecto es donde podemos encontrar mayor variabilidad en la aplicación de las teorías, cuando se aterriza en escenarios diferentes al que tomaron como referente los autores, que en su mayoría fueron de naciones desarrolladas.
Cuando vamos a analizar el desarrollo empresarial en contextos como el del Puerto Rico, a la luz del marco teórico existente, la jerarquización e intensidad de los factores cambian. Estamos hablando de una economía estancada, que se dinamiza bajo el flujo de las inyecciones financieras que vienen de Washington, con un Estado en quiebra y que en su política pública tiende a favorecer más al inversionista foráneo que al propio local. Como bien caracterizó el empresario y professor Manuel Morales en su libro Puerto Rico’s Economic Future: Utopia or Dystopia y refiriéndose a las pequeñas y medianas empresas: “To succeed, these small businesses must stop being overregulated, overtaxed, ignored, mistread and must begin to be organized, motivaded, empowered and encouraged to lead us out of our economic nightmare” (pag. 26). Él se refiere a ese sector que constituye el 85% del sistema empresarial puertorriqueño y que funciona con 25 empleados o menos.
El factor de las políticas públicas es decisivo en el desarrollo de las empresas, porque el marco institucional y regulatorio define tanto las oportunidades como las limitaciones del sector privado. Cuando las limitaciones superan a las oportunidades, como es el caso de Puerto Rico, ello obliga a las empresas a apelar a resortes más allá de los convencionales para poder sobrevivir y ser exitosos y que no son tratados con profundidad en las teorías. Es lo que yo llamo los “what if” del desarrollo empresarial. No es infrecuente encontrarnos historias de éxitos empresariales donde el uso de esos mecanismos no convencionales supera el de los convencionales.
Una lista incompleta de esos “what if” sería:
- Uso de contactos familiares y personales para poder acceder a financiamiento o proveedores institucionales
- Apelar a redes de confianza en sustitución de instituciones débiles
- Obtener recursos materiales de los proveedores a través del trueque
- Apalancar financieramente de forma excesiva la empresa para sostenerla mientras le otorguen los permisos de funcionamiento
- Detectar y usar resquicios legales para posicionarse primero en nuevos sectores.
De cara al futuro, la validez de las teorías sobre desarrollo empresarial en nuestro ámbito insular depende de la capacidad del Estado puertorriqueño para diseñar políticas coherentes, estables y orientadas al fortalecimiento de su propio ecosistema empresarial. En la medida en que se logre balancear la atracción de inversión externa con el fomento de empresas locales, mejoras en infraestructura y desarrollo de talento humano, Puerto Rico podrá transitar hacia un modelo económico sostenible.