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Las apuestas sobre Cuba (Publicado originalmente en El Nuevo Día)

A partir de la cancelación de los envíos de petróleo por parte de Venezuela, como consecuencia del operativo militar que desembocó en la captura de Nicolas Maduro y de las amenazas lanzadas por Estados Unidos de imponer aranceles a todo país que suministre crudo y sus derivados a Cuba, la situación económica y social de la isla se ha tornado extremadamente crítica.

Para poner en contexto la gravedad de la situación actual podemos compararla con lo que se vivió durante la llamada crisis en octubre de 1962, en donde, sin lugar a duda, Cuba hubiera sido el primer objetivo de ataque en lo que se presumía que se desembocaría en una conflagración nuclear, pero por suerte la crisis se resolvió en 13 días. También podemos compararla con el denominado período especial a principios de los años 90, cuando Cuba se quedó sin los recursos concesionarios de la extinta Unión Soviética. Pero, en aquel momento, la isla contaba con reservas económicas y políticas que les permitieron sortear la crisis. Hoy en día, las reservas económicas, políticas y sociales de la isla están exhaustas y no hay un vaticinio claro de cómo y cuándo este nuevo capítulo de la confrontación histórica entre ambos países se resolverá.

Con el cerco petrolero Estados Unidos pretende apostar a la asfixia económica de la isla y provocar la caída del gobierno de Díaz – Canel. Es aquí en donde se abren múltiples aristas de análisis, porque las variables que giran en torno a este objetivo son diversas.

Las primeras interrogantes me surgen del lado norteamericano. ¿La administración de Trump desea un derrocamiento del régimen cubano o simplemente la substitución de Diaz-Canel por un interlocutor pragmático?. La pregunta no es descabellada viendo lo que ha pasado en Venezuela: sacaron a Maduro, pero el chavismo ha continuado en el poder y mejorando cada día las relaciones con Estados Unidos, porque el objetivo real detrás del operativo militar del 3 de enero fue el control de las importantes reservas de petróleo venezolana. Cuba no es un gran productor de petróleo, pero si cuenta con importantes reservas de níquel y cobalto, siendo el cuarto país con las mayores fuentes del último mineral a nivel mundial.

Además de lo anterior, Cuba constituye una fuente de preocupación en la otra obsesión de Trump: la expansión de China hacia América Latina y el Caribe. Trump lo ha dicho una y otra vez: no quiere que los chinos planten bandera en este lado del mundo y por supuesto, mucho menos a 90 millas de su frontera. La preocupación de Washington es que Cuba se abra a esa posibilidad a partir del reforzamiento de los lazos económicos.

Si lo anterior no opera y lo que predomina es el interés ideológico, el de provocar un cambio radical del sistema económico y político en la isla, ¿cómo lo van a lograr sin un movimiento, un partido, un líder capaz de liderar el proceso de cambio?; ¿cómo lograrlo por la vía pacífica?.

Si la apuesta de Estados Unidos es que el gobierno cubano caiga como resultado de una revuelta popular, hay que recordar que otras revueltas han fracasado por la falta de un liderazgo que las sepa encauzar. Existe disidencia, pero la misma está muy atomizada y no cuenta con un líder aglutinador, con un proyecto económico y político alternativo que invite a la población a seguirlo.

Hay que tomar en cuenta también, que si bien es cierto que el gobierno cubano ha sufrido un tremendo desgaste en popularidad porque ha sido incapaz de adoptar las medidas necesarias y oportunas para detener la precariedad económica en que se vive, cuenta aún con una base de apoyo que se agranda cuando se trata de amenazas de intromisión norteamericana.

Del lado cubano me surge la siguiente interrogante: ¿a qué está apostando el gobierno cubano frente a las acciones de Estados Unidos?. Una apuesta posible es la de la negociación. Pero ¿qué está dispuesto Cuba a negociar para lograr la ruptura del cerco petrolero?. La Habana ha reafirmado que está dispuesta a negociar temas de la agenda bilateral: migración, medio ambiente, combate al terrorismo y el levado del dinero y que está fuera de discusión las reformas al sistema político. A todas luces, esto no satisface las exigencias norteamericanas.

La otra alternativa que le queda a los lideres cubanos es apostar por una resistencia espartana y con ella ganar tiempo para que, a través de una crisis humanitaria en la isla, se despierte la solidaridad mundial para que presione por el cese del cerco petrolero. En esta estrategia hay que tomar en cuenta que Cuba extrae petróleo y gas que le garantiza alrededor del 40% de las necesidades energéticas. No es un porcentaje suficiente, ni con ello garantiza el suministro de gasolina, pero podría encajar en esa visión de ganar tiempo. También hay que poner en la balanza el tiempo que les queda de reservas de combustible.

No obstante, dicha jugada no deja de ser arriesgada teniendo en cuenta como ha reaccionado la comunidad internacional. Con las honrosas excepciones de Mexico, China y Rusia, los demás países, incluyendo aliados, han hecho mutis. Ello demuestra que el valor que representa actualmente Cuba en el tablero geopolítico y geoeconómico no es suficiente para justificar las represalias de los Estados Unidos.

Cualquier apuesta es arropada por la incertidumbre. En el mejor de los casos, puede representar un 50% de éxito. Lo que si está claro es que, en el caso que nos ocupa, si no se encuentra una solución rápida, el gran perdedor continuará siendo el pueblo cubano.

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