La vendetta económica que el Presidente norteamericano Donald Trump ha lanzado contra el mundo, usando como arma los aranceles, tiene consecuencias multisectoriales. El turismo no escapa a esos impactos, aunque los mismos no se reflejaran de forma uniforme, como ocurre con el comercio de bienes. Es decir, algunos destinos y actores se verán beneficiados, mientras que otros se verán perjudicados.
Uno de los mercados que se podrá afectar, en su doble carácter como destino y como emisor de turistas, es Estados Unidos. Es claro que una de las principales víctimas de esta guerra comercial serán los consumidores norteamericanos quienes van a comprar productos más caros, ya que los importadores de ese país le cargarán al precio minorista el valor de los impuestos que tienen que abonar cuando esos bienes entren a la frontera norteamericana. Ello a pesar de que Trump está intentando obligar a los mismos a que asuman el costo de los aranceles y no se los pasen a los consumidores.
Uno de los factores que inciden en la propensión a viajar de potenciales turistas es su situación económica y dentro de ello se cuenta la inflación que afecta el poder adquisitivo de los consumidores. Hacer turismo no es una actividad de primera necesidad. Cuando se produce una carestía de lo esencial para garantizar la cotidianidad de las familias, la intención por viajar se pospone. La carga inflacionaria que se generará por la imposición de los aranceles a los precios de los productos importados por Estados Unidos podrá generar un efecto de disuasión a las intenciones de viajar de los turistas americanos. Por supuesto que ello afectará a aquellos destinos que dependen fuertemente de ese mercado emisor.
Otro factor que incidirán en la diminución de los viajes de los norteamericanos es el debilitamiento del dólar en relación a las monedas de los países destinos turísticos, que es otra consecuencia de la inflación. Un dólar más débil encarecería los viajes, ya que en el cambio monetario obtendrán menos moneda local por cada dólar. Esta tendencia se empezó a visualizar desde el cierre del primer trimestre. Al 31 de marzo, el dólar americano había perdido un 4% de su valor con el Euro en relación al trimestre anterior. Así mismo, perdió un 5% con respecto al Yen, cayó un 8% en relación al Real brasileño y un 4% con respecto al Peso mexicano, por tan solo poner algunos ejemplos.
Además de una posible diminución de la cantidad de turistas estadounidenses, otra posible consecuencia es que se produzca una reducción en la capacidad a gastar de los mismos en los países destinos.
Los destinos turísticos que sufran estas consecuencias, podrán apelar a medidas compensatorias, como, por ejemplo, atraer turistas de otros destinos. En este blog publicamos el 1 de abril una noticia que reflejaba la expectativa de que el turismo canadiense hacia Estados Unidos caiga un 15% como respuesta a la actitud hostil de la actual administración norteamericana hacia Canadá y el resto del mundo y al derrotero que ha tomado la política interna estadounidense en los social y lo político. Posiblemente, esos turistas canadienses busquen otros destinos hacia donde viajar y es aquí donde aquellos que son dependientes de los turistas de Estados Unidos pudieran tomar ventaja de ese desvío de preferencias.
También no es descartable que el turista norteamericano, ante la caída de su poder adquisitivo, decida satisfacer sus deseos de viajar mediante cruceros, que es una forma de hacer turismo relativamente más económico. Ello beneficiaría a los países que practican con intensidad esta actividad, como los de la región del Caribe y los ubicados en la cuenca del mar mediterráneo.