El gobierno de Cuba acaba de lanzar una nueva versión de su programa dirigido a corregir distorsiones y reimpulsar la economía con la intención de someterlo a consulta popular. Publicado originalmente en enero de 2025, expresa en su introducción que el mismo es dinámico por lo que se está enriqueciendo constantemente y ajustándose a las particularidades del momento. En línea con ello, plantea que esta versión se alimentó de lo acontecido hasta el primer semestre.
El programa está integrado por 10 objetivos generales, 106 objetivos específicos, 342 acciones y 264 indicadores y metas. Es, sin lugar a dudas, un programa complejo y abarcador, como lo es la dinámica actual de la economía cubana. Sin embargo, la cantidad no es siempre sinónimo de calidad y lo que esta propuesto en las más de 80 páginas del documento es un compendio de ideas y sueños que adolecen de la comprensión (o negación) de la verdadera naturaleza de la crisis que azota al país.
No sé si el orden en la numeración de los objetivos generales responde a niveles de prioridad, pero es curioso que el primer objetivo está dedicado a la implementación de lo que se ha denominado “la estabilización económica” que se describe en el texto como la restauración gradual de los equilibrios macroeconómicos “mediante la aplicación de políticas fiscales, monetarias y cambiarias que permitan la reducción de la inflación, la convertibilidad de la moneda nacional y garantizar un entorno favorable para el crecimiento económico y el desarrollo”.
Este enunciado ignora las bases teóricas que rigen la relación entre los factores monetarios -financieros y los económicos – productivos. La causa de que la moneda cubana esté muy depreciada y que haya una altísima inflación es la escaza oferta de bienes y servicios que no cubre las necesidades de consumo nacional, por lo que la estabilización macroeconómica comienza por incentivar la producción local y la generación de recursos financieros para garantizar las importaciones que cubra el déficit de oferta que no se pueda garantizar por la producción doméstica.
A su vez, se sigue apostando a medidas administrativas para mitigar los estragos de los desequilibrios macroeconómicos, cuando en realidad la solución permanente viene de la mano de políticas de naturaleza económica. No se entiende que al mercado no se puede doblegar por la fuerza, porque al final busca una salida frente a la imposición. Se maneja mediante el conocimiento y uso de las reglas que rige su funcionamiento.
El otro aspecto deficitario del documento es la ausencia de las líneas de acción o propuestas concretas (el cómo hacerlo) para lograr los objetivos e indicadores señalados. Por ejemplo, se habla de disminuir progresivamente lo subsidios a las empresas. ¿Cómo lograrlo sin provocar la quiebra tácita de las empresas?. También se habla de cumplir el plan de producción de azúcar, pero ¿cómo?, si el país ha mantenido un historial extenso de incumplimiento en ese frente. Por otra parte, sorprende ver como después de años manejando una economía que no acaba de remontar vuelo y con cientos de propuestas de políticas económicas hechas por profesionales con profundo conocimiento de la realidad cubana, el programa este lleno de verbos como “Proponer” o “Identificar”.
Para finalizar, un comentario sobre la consulta popular del programa. Como señalé al inicio de esta reflexión, el programa se estableció por el gobierno en enero de 2025. Debía haberse llevado a discusión nacional en ese momento, ¿por qué no se hizo entonces y ahora es que se plantea hacerlo?. De cualquier forma, el documento es muy extenso y con muchos tecnicismos. No creo que la cultura económica de la población sea suficiente para entenderlo en toda su extensión. Si se desea que el ejercicio sea democráticamente eficaz, sería conveniente que se explique lo que haya que explicar mediante materiales claros, sesiones informativas accesibles y espacios donde la ciudadanía pueda plantear dudas. Solo así la consulta tendrá sentido, pues la participación será verdaderamente informada y no un mero trámite formal que legitime decisiones previamente tomadas.